Mostrando entradas con la etiqueta SECUELAS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta SECUELAS. Mostrar todas las entradas

ENTROPÍA, PROCESOS REVERSIBLES Y PROCESOS IRREVERSIBLES

martes, 15 de enero de 2008

Vamos a imaginar que tenemos una caja con tres divisiones; dentro de la caja y en cada división se encuentran tres tipos diferentes de canicas: azules, amarillas y rojas, respectivamente. Las divisiones son movibles así que me decido a quitar la primera de ellas, la que separa a las canicas azules de las amarillas. Lo que estoy haciendo dentro del punto de vista de la entropía es quitar un grado o índice de restricción a mi sistema; antes de que yo quitara la primera división, las canicas se encontraban separadas y ordenadas en colores: en la primera división las azules, en la segunda las amarillas y en la tercera las rojas, estaban restringidas a un cierto orden.

En el ejemplo anterior de la caja con separaciones y canicas, vamos a explicar qué es un proceso reversible y qué un proceso no reversible.

Llamamos proceso reversible al que se puede invertir y dejar a nuestro sistema en las mismas condiciones iniciales. Teniendo en cuenta

nuestra caja ya sin las separaciones, tenemos a las canicas revueltas unas con otras, es decir, sin un orden. Si el proceso que efectuamos de quitar las divisiones fuera reversible, las canicas tendrían que ordenarse espontáneamente en azules, amarillas y rojas, según el orden de las divisiones. Esto no ocurrirá.

El proceso que efectuamos con nuestra caja de canicas fue un proceso no reversible, en donde una vez terminado, el orden que había en las condiciones iniciales del sistema ya nunca volverá a establecerse. El estudio de este tipo de procesos es importante porque en la nauraleza todos los procesos son irreversibles.

Imaginaros que todo volviera al principio.....a su estado u orden inicial.

TERESA BARDISA: LA FALACIA DE DEFINIR AL CENTRO COMO UNA COMUNIDAD ESCOLAR


La falacia de definir al centro como una comunidad escolar: la ausencia de participación de los actores

La escuela está compuesta de una serie de interacciones segmentadas de grupos unidos por intereses comunes, proyectos, deportes, actividades organizadas no excluyentes y voluntarias, lo que constituye un tipo de redes que debería dar identidad a la institución y una cultura particular diferenciadora. La realidad muestra el difícil acoplamiento y la lucha de intereses diversos, y, a veces, enfrentados.

Los padres ¿meros convidados de piedra?

Acceden a la información pero tienen problemas para ser aceptados y escuchados en los órganos colegiados.

El claustro de profesores es la guardia pretoriana; sus reticencias ante la presencia de los padres es evidente. Los profesores afirman que su presencia es inútil porque no saben, es decir, porque carecen del conocimiento experto que ellos poseen como profesionales de la enseñanza (y aunque los padres lo tuvieran, como a veces ocurre, sus opiniones serían vistas más como una fiscalización o reto que como una ayuda desinteresada) y los padres cuestionan, ¡aquellos que se atreven!, cosas que según los profesores son poco pertinentes:

«Existe un modelo elitista de profesionalidad docente que acentúa las diferencias de status y la distancia respecto a los clientes, el cual ve en la participación de los padres y estudiantes una amenaza al ejercicio profesional» (San Fabián, 1992:91).

La relación queda definida en los límites de la relación «pseudo-didáctica»; todo el conocimiento experto de la disciplina académica queda expresado por parte del docente en términos técnicos o simplistas, reducidos a descripciones personales y vagas —«su hijo/a no sabe, o no estudia»— y no en argumentos aprehensibles que expliquen y sirvan de ayuda para la mejora del conocimiento del estudiante, y menos aún del papel que desempeña el hijo en la institución entendida como un todo. En el intercambio, el centro como institución, y sobre todo su organización, «no existe», así como tampoco el contexto, ni los grupos que interaccionan, ni los medios de que dispone el centro, etc.; todo ello se ignora. El análisis se circunscribe casi de forma exclusiva a las relaciones en el aula y al «buen/mal» comportamiento del hijo/a en ella.

A los padres se les recuerda con excesiva frecuencia su desconocimiento acerca del funcionamiento del centro, de las competencias legales atribuidas a cada estamento, de las normas dictadas por la Administración o de las que se han elaborado para el centro, y, en general, se les persuade para que no rompan la «buena armonía reinante» ni la cultura tradicional del centro.

Los padres, ante el muro en el que puede leerse «nosotros somos quienes tenemos el conocimiento experto, la experiencia y el poder», generalmente renuncian a mantener un enfrentamiento directo o una actitud crítica para plantear o reivindicar un cambio en las relaciones entre los distintos sectores, o una mejora en las prácticas de los docentes o de la dirección.

El alcance de la participación de los padres es un reflejo de su clase social, raza y grupo étnico. Wilcox explica claramente el carácter de estas relaciones:

«Aparentemente los profesores y los administradores tienden a temer la intrusión de los padres en el dominio de la escuela, previendo sus interferencias, sus críticas y su hostilidad. Tienden a dar la bienvenida sólo a los padres y a las asociaciones de padres que les ayudan directamente. El poder social y el status de algunos grupos de padres facilita su penetración a través de los muros de la escuela, hayan sido invitados o no, para conseguir que sus quejas sean oídas. Dado que las necesidades de los padres y los hijos de la clase baja y de las minorías tienden a estar menos atendidas por parte de la escuela y requieren un cambio sustancial, esta dinámica funciona doblemente para retardar el cambio: la crítica que puede apuntar a la necesidad del cambio se ve impedida por la junta directiva, y los que tienen más necesidad de cambio desisten de su intento» (Wilcox, 1994:114).

La cultura del individualismo docente

Podríamos pensar que los padres son de alguna forma excluidos de las decisiones de la institución, pero que, en cambio, los profesores están fuertemente involucrados en ella. Los datos nos muestran que también los profesores, aunque por otras razones, son excluidos o se autoexcluyen de numerosas decisiones políticas que afectan al centro.

Los profesores limitan su identidad profesional al trabajo que realizan en el aula, sanctasanctorum donde ejercen un poder casi absoluto sobre la enseñanza que imparten; esta autonomía se extiende también a la relación con los alumnos, e incluso frente a otros colegas de departamento y de claustro: «La educación está entre las últimas vocaciones en las que es legítimo todavía trabajar uno mismo en un espacio seguro contra los invasores» (Rudduck, 1991:31). La comunidad está fuera del centro, y, por supuesto, fuera del aula. Es ese modo de ejercer la privacidad de la profesión lo que da entidad a los docentes. El centro se convierte en reino de taifas. No aglutina el contexto (tan revalorizado en los discursos de los últimos tiempos), ni los objetivos supuestamente concertados recogidos en el proyecto de centro, ni el tipo de alumnos que acude a la institución. El director, por otra parte, desea la integración como adhesión a las políticas defendidas por la dirección, sin renunciar al dominio con el que desea ejercer el control del cual depende la «estabilidad» de la organización. Entre ambas posiciones, que guardan estrecha relación con los estilos de liderazgo desempeñados por los directores, transcurre la lucha por la autonomía de los docentes.

El celularismo, ese conjunto independiente de aulas que aparentemente dan sentido a las organizaciones escolares, va asociado a la incertidumbre, y, ambos, aislamiento e incertidumbre, a aprender poco unos colegas de otros.

La dispersión se produce por asociación cercana con alguno de los colegas, formando grupos separados y a veces compitiendo entre ellos. Generalmente, son grupos que trabajan de forma próxima y cotidiana, gastan más tiempo y se socializan a menudo en la sala de profesores. Los grupos se forman no sólo entre los conservadores sino también entre los innovadores. Es una característica de la cultura de los centros de secundaria por su estructura departamental, aunque también se produce entre los grupos de infantil y primaria en los centros donde se imparten ambos niveles.

En definitiva, el trabajo de los profesores con tan marcado carácter de insularidad y de falta de coordinación no permite una visión colegiada en la que los fines educativos, la selección del currículo y la organización sean el trípode sobre el que se asiente el centro. No hay, por lo tanto. una comunidad interna que se refleje, a su vez, en la externa, con las denominadas señas de identidad. El director, desde este modelo, dirige los espacios externos a las aulas. Toma decisiones sobre aspectos considerados periféricos: comedor, transporte, actividades extracurriculares en las que, curiosamente, sí opinan y deciden los padres, sobre todo si su asociación es quien las financia.

Además, quienes no forman parte del equipo directivo se sienten excluidos de los aspectos importantes de la toma de decisiones. Construir el consenso significa proponer actividades, poder contratar profesores con valores comunes, un ideal de tiempo y esfuerzo, y quizás un entorno menos diverso.

Una estrategia radical, cuando las estructuras impiden tal cambio, consiste en establecer nuevos roles o responsabilidades entre los miembros de la organización.

Pseudoparticipación docente y ausencia de identificación con el centro escolar

La lucha entre autonomía y control hunde sus raíces, en una perspectiva negativa, en el individualismo eufemísticamente reivindicado como «libertad de cátedra» (pertinente cuando la libertad de expresión es impedida o cercenada), y, en una perspectiva más optimista, en el desarrollo profesional que conduce a la innovación crítica. Los profesores valoran su autonomía y renuncian a ella con desgana. La autonomía estructural puede ir asociada a la denominada autonomía conceptual, es decir, una posición individualista ante un conjunto de creencias sobre la enseñanza que puede ser ampliamente intuitivo, y una forma limitada de profesionalidad. Pero, como explicábamos antes, esa autonomía «concedida» por la dirección suele ser una trampa sutil en la que pueden caer los docentes, quienes afirman satisfechos: «en mi aula no se mete nadie; nadie me dice lo que tengo que hacer; nadie controla lo que hago; tengo autonomía», sin darse cuenta que tal actitud autocomplaciente les impide participar en las decisiones globales y en el control del gobierno del centro.

Al mismo tiempo, puede darse el caso contrario: que los profesores deseen participar en la definición institucional de la escuela, produciéndose así un equilibrio entre autonomía y control y un punto de equilibrio en un sistema débilmente articulado, que, como contrapartida, relacione el trabajo profesional en el aula con los fines colectivos de la escuela (Hoyle, 1986:120). También pueden desear alterar las relaciones sociales en su interior, lo que dependerá del grado de cohesión de quienes se enfrenten al poder jerárquico establecido.

Un cierto riesgo se produce cuando los directores definen en solitario las metas del centro, porque puede entenderse como una amenaza para el profesor individual y porque, salvo que posea un carisma especial (cosa que raramente acontece) con el que atraiga a la comunidad hacia sus grandiosos planteamientos, los demás miembros de la comunidad pueden defenderse contra ellos con la crítica, y, a menudo, con el humor y la ridiculización.

Los profesores pueden identificarse con la escuela como un todo en un nivel simbólico, lo que es bastante distinto de una identificación más específica de la escuela como organización.

Las voces silenciadas de los alumnos

Podemos preguntarnos si los centros educativos son organizaciones en las que los alumnos aprenden a ejercer el derecho y la responsabilidad que requiere la participación en las decisiones que les incumben, y si en tales instituciones encuentran el clima, el tiempo y el espacio adecuados para ejercerlos: «Una cosa son los fines que el sistema social marca para la escuela y otra, a veces bien distinta, los efectos que esta escuela tiene sobre los sujetos a los que debe socializar» (Rivas, 1992:79).

«¿Proporciona la educación los conocimientos y la experiencia vivida para poder enjuiciar los acontecimientos políticos, sociales y culturales, etc., y, en consecuencia, decidir sobre temas de su comunidad?» (de Puelles, 1986:456).

Los valores que los alumnos aprenden en la escuela a través de las relaciones en el aula podrían ayudarles a comprender y a actuar desde una perspectiva participativa. Pero, en general, las prácticas del aula no la propician. Los alumnos siguen en los centros escolares tres procesos diferentes, como ya hemos explicado en otras ocasiones (Bardisa, 1995):

  • El aprendizaje de los llamados contenidos transversales del currículo en los que se aborda la «educación para la convivencia» o alguna denominación similar, a través de los cuales el alumno realiza un aprendizaje formal de lo que son los elementos constitutivos y las actitudes y valores que exige una democracia.
  • El aprendizaje que realiza en la vida escolar cotidiana en el aula y en el centro, interviniendo e involucrándose y decidiendo sobre aspectos curriculares, organizativos y de relaciones sociales y culturales.
  • El aprendizaje que desarrolla mediante los cauces organizativos establecidos en la legislación escolar, al permitírsele, en mayor o menor grado, participar en la elección de sus representantes en los órganos colegiados de decisión.

La realidad permite preguntarnos lo siguiente: ¿Resulta cínico hablar de educación para la convivencia si ésta queda reducida a una enseñanza teórica que los alumnos no reconocen como práctica cotidiana en el centro? ¿Cómo puede explicarse el alumno que la escuela separe el pensamiento conceptual, que se le presenta como parte de su formación, de la puesta en práctica de esos mismos principios? ¿Son sus voces silenciadas? O, peor aún, ¿cómo, qué, ante quién y cuándo pueden hablar? ¿Sobre qué ideas, cosas, relaciones...pueden opinar, proponer, criticar, reclamar, rechazar...?

A través de su propia interacción, los alumnos construyen valores, modos de comportamiento, roles propios de su sistema social, tipos de liderazgo, etc., al margen o a partir de la normativa formal de la institución. Elaboran una estructura de significados, un sistema de códigos y señales no siempre reconocibles por los profesores. «Establecen sus propios tipos de liderazgo, sus propios héroes y heroínas, así como los mitos y leyendas que establecen patrones de actuación cultural en el aula» (Rivas, 1992:133), y, desde nuestra perspectiva y por extensión, en el conjunto de la escuela.

A pesar de que formal y jurídicamente los alumnos tienen diferentes vías para intervenir en las actividades del centro, la realidad, analizada por Fernández Enguita (1992; 1993) y por Velázquez (1994), muestra que los representantes, los delegados y miembros de los consejos escolares españoles ejercen sus derechos de forma vicaria:

«La representación e intermediación ejercidas por los delegados se constituyen como alternativas a la formulación directa de opciones por el colectivo a los distintos subcolectivos de alumnos y su negociación directa con los otros estamentos» (Fernández Enguita, 1992:89).

Los problemas y reivindicaciones que plantean los alumnos han de defenderse en los órganos colegiados, y estos se reúnen en intervalos excesivos de tiempo. Así, los temas se «pudren» en el olvido debido al tiempo transcurrido desde el momento que se originan hasta que llegan a la instancia prevista para su resolución. Además, como señala Fernández Enguita, quizás la cadena que se establece desde que surge el conflicto hasta que llega a donde se decide a actuar es frágil y cambiante (los alumnos comunican a los delegados de curso el asunto, «reformulan» las propuestas y las transmiten a los compañeros representantes en el consejo escolar). De este modo, los representantes carecen de legitimidad y de voz ante tales órganos.

Un problema añadido es que puedan realmente intervenir con «naturalidad» ante los demás miembros del consejo escolar si el talante de la relación diaria en aulas y pasillos no está imbuido de confianza y respeto mutuo.

Los alumnos, aunque se unan con los padres, siguen siendo minoría en el consejo escolar. La mayoría, en cambio, los profesores, delimita el terreno de juego y define las reglas ante la impotencia de los alumnos, menos versados en la dinámica de las reuniones formales y en el lenguaje empleado. Los profesores, con más experiencia y manejo del discurso y de las estrategias, dominan la escena y mantienen una actitud paternalista hacia ellos.

Las asociaciones de alumnos, a las que en teoría corresponde animar a la participación, son irrelevantes, apenas influyen en el colectivo de alumnos, y, además, se encuentran con dificultades para funcionar.

Los hábitos participativos se enmarcan en la tolerancia, en el diálogo y la comprensión, en un proceso gradual continuo. Las propuestas realizadas por Gil Villa se dirigen a

«desbloquear la participación de los padres y de los alumnos causada por la hegemonía de los profesores fundamentalmente. Las soluciones pasan, por tanto, por el robustecimiento de las Asociaciones de padres y alumnos y por una información completa y profunda a estos dos colectivos a través de seminarios, charlas u otros tipos de campañas» (Gil Villa, 1995:152).

"BUROCRACIA"

sábado, 10 de noviembre de 2007


La palabra burocracia parece que ha tenido siempre un cierto carácter despectivo; se dice que deriva de una combinación un tanto vaga de raíces grecolatinas y francesas.
El término latino burrus, usado para indicar un color obscuro y triste, habría dado origen a la palabra francesa «bure», utilizada para designar un tipo de tela puesta sobre las mesas de oficinas de cierta importancia, especialmente públicas. De ahí derivaría la palabra «bureau», primero para definir los escritorios cubiertos con dicho paño, y posteriormente para designar a toda la oficina.


A un ministro del gobierno francés del siglo XVIII, se le atribuye la acuñación de la voz «bureaucratie» para referir, en un sentido más bien sarcástico, a la totalidad de las oficinas públicas. Evidentemente, la palabra «burocracia», derivada de "bureaucratie", lleva implícitos dos componentes lingüísticos: «bureau»: oficina y «cratos»: poder. Por lo tanto, la voz de marras apela a la idea del ejercicio del poder a través del escritorio de las oficinas públicas. Sin embargo, el término burocracia al decir de otros autores, fue acuñado por el propio Weber, quien lo hizo derivar del alemán «büro», que también significa "oficina". En este sentido, para Weber, una burocracia es una gran organización que opera y funciona con fundamentos racionales.
El término "burocracia" ha pasado a formar parte del lenguaje cotidiano. Preferentemente se le usa en el ámbito de las organizaciones públicas que constituyen al Estado, olvidando que las burocracias, en cualquiera de sus sentidos, operan también en el sector privado.


El propio Weber consideró a la burocracia como un tipo de poder y no como un sistema social. Un tipo de poder ejercido desde el Estado por medio de su "clase en el poder", la clase dominante.


El aparato organizatorio es el de la burocracia, un marco racional y legal donde se concentra la autoridad formal en la cúspide del sistema. Los medios de administración no son propiedad del administrador intermediario. Sus competencias no son sujeto de herencia o venta.


"MERITOCRACIA"


La meritocracia es un principio según el cual, las diferencias sociales se tendrían que fundamentar o basar en las diferencias de talento, y motivación de los individuos en una determinada sociedad o comunidad. Un sistema sería más justo, según esta teoría, cuanto más se ajustasen las diferencias sociales a los rasgos individuales de mérito.


Pero la meritocracia es un principio que tiene mucho más interés en la política. Sería el gobierno de los más capaces, de los que más talento o capacidad poseyesen. En primera instancia es un principio que choca con el democrático, por el que gobiernan los elegidos en virtud de las preferencias políticas de los votantes. Pero si afinamos un poco podemos comprobar que los dos principios, el de la meritocracia y el democrático pueden no ser, completamente, incompatibles.


En un sistema democrático la dirección de los asuntos públicos no puede estar más que en manos de los elegidos, según el sentido del voto, pero a la hora de elegir a los miembros de la alta administración se puede aplicar el principio de la meritocracia.


"LA MODERNIZACION"


Cuando hablamos de modernización, parece obvio que el concepto de progreso y mejora del bienestar social, van unidos a este concepto. Modernización es ese proceso que invita a "ir un poco más allá", innovar, inventar, desarrollar, mejorar. En estos tiempos la modernización se nutre de los aspectos científicos, tecnológicos y económicos.

Esta pequeña introducción hace que pensemos en industrias con infinidad de máquinas donde apenas se necesita el trabajo manual, y por consiguiente más manos cualificadas que sepan entender estas máquinas pero menos trabajadores totales; pensamos también en robots que nos hacen una operación milimétrica, sin olvidar a los maravillosos teléfonos móviles o esos frigoríficos "supermercados" que nos hacen la compra y que nos avisan si estamos sufriendo un "allanamiento de morada" mientras estamos de vacaciones.

Pero podemos modernizar más aún, todo lo que la mente y la creatividad humana sea capaz de producir, es decir, ¿la modernización es infinita? ¿la modernización es universal?, estas preguntas pueden dar para mucho, así que las dejo abiertas y espero los comentarios pertinentes.

Otro aspecto de la modernización es el aspecto económico, ¿que saca la economía mundial de la modernización? pues tal y como yo lo veo, la modernización es un pozo sin fondo, un infinito; que no siempre supone un bienestar social. Uf!! la economía a su vez tiene demasiados aspectos para analizar; por ejemplo la publicidad; y con esto se me viene una cosa a la cabeza y uf!! que cosas. cotidianamente nos decimos a nosotros mismos, la publicidad nos manipula, los medios nos manipulan; ¿puede ser que las grandes estratosferas de la economía mundial hagan anualmente una gran campaña publicitaria mundial en forma de nuevas ideologías y modos de ver el mundo?

Entramos ahora en la modernización de la educación; ¿cuantas vueltas ha dado la modernización en la educación? tantas que en ocasiones se ha vuelto a conceptos de progresos ya desfasados y se han puesto de nuevo "en el mercado", no sé, pero me resulta muy gracioso que temas como la educación se caractericen como verdaderos productos de mercado.

¿Modernización, modernidad, economía, política, industria, mercado, ideologías, EDUCACIÓN,...? ¿Progreso, desarrollo, estado de bienestar?.

¿Educación al servicio de la Modernización?

CUESTIÓN DE TIEMPO

martes, 9 de octubre de 2007


El ser humano, el tiempo, el espacio; tres elementos; tres interrogantes. Pero, ¿qué es el tiempo para el ser humano en el espacio?, ¿existe el tiempo si no hay espacio?, ¿puede el ser humano controlar el tiempo?. NO LO SÉ!!!!.

De estos tres elementos, quizás el tiempo sea lo más difícil de explicar, de comprender, de asimilar. Tanto que sólo nos deja una huella con su paso, y que es, "el propio paso del tiempo", así envejecemos, pasamos a la historia. Pero ¿que es el tiempo? (vuelvo a preguntar-me).

Resulta que el hombre y la mujer viven en el tiempo, con el tiempo, y desde hace poco más de un siglo vive del tiempo, pero después de "todo ese tiempo" el ser humano no es capaz de explicar que es el tiempo. Raro ¿verdad?

Resulta que hoy día necesitamos tiempo para todo, (como si no llegáramos a fin de mes), tiempo para trabajar, tiempo para descansar del trabajo, tiempo para la familia, tiempo para descansar de la familia, tiempo de ocio, tiempo de más ocio; pero mirad que curiosidad, no sabemos muy bien que es el tiempo, y sin embargo dejamos en manos de un "aparatito" con agujas y numeritos del 1 al 12, que administre nuestros quehaceres diarios. Y luego, dicen que sin móvil no se puede vivir.... (será porque tiene reloj...)

Dejando a un lado las curiosidades y las rarezas del tiempo; quisiera exponer un comentario de lo que sería el tiempo para mí.

Creo que el tiempo, tiene diferentes puntos de vista; pero me centraré en los dos o tres aspectos que "ahora mismo" se me vienen a la cabeza, que son el tiempo físico, el biológico y el psicológico; que hay muchos, sí más aspectos, pero es que no tengo tiempo de más.

En cuanto al tiempo físico, quizás sea el que menos me gusta, es como cuando vas a una cacharrería y quieres tocar pero no puedes porque puedes romperlo, pues igual. Queremos tiempo, queremos tiempo, y cuando lo tenemos se nos va irremediablemente, no podemos querer el tiempo, es mejor vivir el tiempo.

Creo que es una invención para tener a la masa (esa de la que hablaban en su "tiempo" los ilustrados) controlada., casi casi como las tarjetas de crédito. Según dicen los críticos del taylorismo, que la organización y formulación del tiempo en la industria, tenía un único fin economizar, ahorrar tiempo, dejando de lado a los expertos y artesanos que dedicaban el tiempo que ellos creían oportuno para la creación de una cosa; sin embargo a partir de ahora y en adelante habrá un tiempo para todo. Fred Taylor, no sólo organizó la industria, organizó nuestras vidas.

El tiempo biológico; el que nos hace envejecer, hoy por hoy el que menos gusta a nivel mundial (por el tema de las arrugas), pero en verdad es la única constancia que nosotros podemos tener del tiempo, la vejez.

El tiempo psicológico, yo lo identifico con esas cosas que cuando nos gusta lo que estamos haciendo, cuando se acaba nuestro tiempo, y decimos ¡ha pasado el tiempo volando! Sí y con vuelo rasante. En el otro extremo, cuando no nos gusta la situación decimos, ¡que lento pasa el tiempo! Sí a pasito de tortuga. Pero otra curiosidad, resulta que el tiempo siempre tiene la misma velocidad, por cierto ¿cuál será la velocidad del tiempo? un día, una hora, un minuto, un segundo.... hasta en esto encontramos subjetividad en el tiempo......incluso en lo más objetivo del tiempo, lo físico.


Como dice la canción de Pau Dones (Jarabe de Palo): "curioso elemento el tiempo"

Nuestro tiempo. Este es nuestro tiempo. No suyo, nuestro. Un tiempo de intensidad, un tiempo de pasión, un tiempo de sueños, un tiempo de romper el tiempo. Un tiempo en él que negamos toda continuidad, un tiempo para hacer un mundo nuevo. Bailaremos hasta el alba y más allá si queremos. El tiempo de ellos es el tiempo del reloj que marca los segundos de la muerte, el tiempo de la continuidad que dice “obedece hoy, obedece mañana”. Su tiempo es la agenda de su plan para la destrucción de la humanidad.---Discurso pronunciado en un concierto en Rostock el 3 de junio, en el contexto de las protestas contra el G8.---



A continuación os dejo algunas páginas y artículos que me resultan interesante sobre el tiempo;


-http://www.rebelion.org/noticia.php?id=13768
-http://www.portalplanetasedna.com.ar/taylorismo.htm
-http://www.rebelion.org/noticia.php?id=52607
-http://redescolar.ilce.edu.mx/redescolar/act_permanentes/historia
/histdeltiempo/pasado/tiempo/p_origen.htm
-http://cronicas-urbanas.blogspot.com/2005/05
/el-tiempo-me-acompaa.html

CUESTIÓN DE IDENTIDAD

domingo, 7 de octubre de 2007



Creo que debería empezar diciendo, que el conocer las identidades de las personas puede ser todo un reto para cualquiera y para uno mismo; ya que no siempre estamos en disposición de mostrarnos tal y como somos; es más creo que ponemos en práctica infinidad de roles a lo largo de la vida, tantos como momentos de la misma. Y aunque, identidad y rol, no es lo mismo, si son dos elementos de una misma realidad, y están fuertemente relacionadas.

Por tanto, llego a la conclusión de que cuando creemos que una persona expone su identidad realmente lo que nos llega a nosotros es el rol empleado en el mismo momento en que se expone. Creo que no llegamos a exponer nuestra identidad y si nuestro rol determinado, para no sentirnos vulnerables, fáciles.

Una vez propuesta mi visión sobre la identidad, paso a darme a conocer un poco más;

Me considero una persona de mente amplia, normalmente suelo decir o al menos pensar eso de "todo es, según del color del cristal por donde se mire", pero no lo confundo con ser TOLERANTE, ya que el ser tolerantes según en qué circunstancias puede ser signo de una mente muy cerrada. Digamos que más que tolerante soy crítico.

Me gusta vivir nuevas experiencias, lo que hace que pocas veces caiga en la monotonía, creo que es interesante hacer valido el dicho (otro dicho) "nunca te acostarás sin saber una cosa más", claro que esto no servirá de mucho si esperas a que ese saber o experiencia nueva venga por sí sola, creo que somos nosotros los que tenemos que buscar las nuevas experiencia.

No entiendo muy bien, que podría decir sobre que soy una persona de "aquí y ahora", supongo que según qué circunstancias puedo llegarme a planificar más o menos. Bajo otro punto de vista muy diferente al anterior, siempre he creído que soy una persona que no casa mucho con el prototipo actual de persona, así que no sabría que comentar sobre este tema en particular.

Como he dicho más arriba creo que no debemos esperar a que las cosas vengan solas y que nosotros tenemos que movernos para que las cosas lleguen. Pero una cosa si tengo muy clara, después de una actividad siempre deberíamos despejarnos y descansar. (¿será la cultura del descanso andaluza?).

Me gusta hacer trabajos de grupos en clase, pero siempre me gusta ponerle un matiz personal, saliendo de la normalidad o de lo estandarizado, cosa que a veces, según las valoraciones posteriores, han hecho que perdiera algo de rigor científico o al menos no se me ha llegado a entender.

Como he comentado en líneas anteriores, creo que no hacemos bien en quedarnos quietos, ya que pienso que la inactividad en muchos sentidos de la vida, no nos hace mucho bien, pienso que debemos participar activamente en nuestra vida.

En cuanto a guardar mis opiniones para mí, eso es una cosa que normalmente no soporto, porque sino reventaría, pero claro siempre hay que tener en cuenta el momento y el lugar donde puedo soltar mis opiniones, y amoldarme al rol de cada circunstancia.

Soy una persona muy observadora, me encanta observar los movimientos y las actuaciones de las personas, algunas personas hablan más con el cuerpo que con la boca.

Siempre es más seguro hablar con datos en la mano, pero tango claro que esa seguridad no tiene por qué darme la razón a mi.

También uno se siente más seguro cuando sabe los pasos que debe dar, lo que no garantiza tampoco el éxito, aunque pienso que a esos pasos debemos darle nuestro toque personal.

Me cuesta escuchar a los demás, es una asignatura que tengo pendiente, aunque por otro lado busco ayuda y guía en los demás.

Cuando tengo claro las cosas que quiero decir suelo participar en las conversaciones; suelo defender mi idea, hasta que me dan razones para dar un paso atrás. Los que me conocen dicen "que le saco punta a todo".

No creo que trabajar sólo esté tan mal, pero pienso que con ayuda, colaboración y cooperación se saca más beneficio y se es más eficaz, y como dice el refranero popular " dos cabezas piensan más que una".

Observar lo que tengo que hacer es bueno como decirlo, planificarse antes de actuar; no podemos ir a ciegas, pero eso sí dejando siempre una margen a la improvisación.

Para la práctica es bueno apoyarse en la teoría, pero ya digo que no suelo seguir al pie de la letra la teoría me gusta dar mi toque personal; y por qué no algún día formar mi propia teoría.

Que los trabajos queden perfectos o no, no sólo depende de mí, ya que como las cosas son según el color del cristal con que se miren, pues el resultado puede ser muy diferente de una persona a otra; me gusta quedarme satisfecho con el trabajo que hago; es esa sensación de sentirte ancho cuando lo has finalizado, es como si tuvieras la seguridad de que está bien hecho. El tiempo que se le dedique al trabajo, no tiene por qué condicionar la perfección del trabajo.

Ciertamente cuando una persona propone su idea, las causas y las consecuencias pueden ser infinitas, es precisamente lo que quería decir en el párrafo anterior.

Me gustaría que el sistema de evaluación además de ser más objetivo fuera menos estándar, pues muchas veces he visto que personas con talento se han quedado insatisfechas, y que personas que reciben más recompensa de la que se merecían.

Si anteriormente eché mano del refranero popular para decir que "dos cabezas piensan más que una", aún no me queda claro si "dos cabezas piensan mejor que una", es fundamental la organización en un trabajo en grupo.

Me encanta saber el por qué de las cosas y para que sirven, aunque también me gusta criticarlo.

Creo que ninguna persona hace las cosas, para que no tengan ningún efecto, lo que hay que ver si ese efecto es bueno o malo.

Antes de hacer las tareas hay que proponerselo, yo particularmente no suelo hacer las tareas antes de habérmelo propuesto y pensado bien qué y cómo lo tengo que hacer.

Me encanta hacer mis sueños realidad.

Pienso que de las cosas negativas siempre se debe aprender, y pienso que las cosas negativas no deben hacernos caer en ningún aspecto de nuestras vidas; y creo que lo realmente negativo es no aprender de las cosas negativas, aunque hay un dicho por ahí que dice; "el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra" y creo que no le falta razón. Es importante aprender de los errores.

Según en que circunstancias me tomo mi tiempo para pensar y reflexionar las cosas. Aunque de vez en cuando hay que tirar del espíritu aventurero.

Trabajar con los demás pone de manifiesto, muchas formas de actuar y pensar, así que es una buena forma de aprender; quizás el factor más importante del trabajo en grupo es la organización de todos sus elementos.

Y por último, lo que más me gusta es experimentar, buscar...
... primero en las personas; luego de la naturaleza; y para ir con lo más material; en libros, sistemas audio-visuales, compartir momentos grandes con las personas más queridas....

Espero que todo esto sirva para conocerme un poco más, ustedes y yo.